viernes, 16 de septiembre de 2011

Apetebí


¿Oshún esposa de Orula?
Apetebí  Iboru, Iboya, Ibosheshe

Por Gloria Hidalgo
Achiyú Keké


La Apetebí de Orula es aquella mujer encargada de atender a Orula, son todas las que han recibido Mano de Orula ( Ikofá ),  las que están frente a la Casa de Santo, que es dirigida o gobernada por un Babalawo, se ocupan de atender todos los requerimientos  de los hijos de Orula y de que todo funcione a la perfección.
Hay unas Casas de Santo donde consideran que la Apetebí por excelencia debe ser hija de Oshún o de Yemayá, y hay otras donde creen que por el simple hecho de ser mujer y poseer Mano de Orula,  sin importar el Angel de la  Guarda es Apetebí por naturaleza.
 La Apetebí Iyafá es la que ha participado en la consagración del Babalawo, es la máxima jerarquía que posee una mujer dentro de nuestra religión, ya que se considera que se ha efectuado un matrimonio entre Orula y la Apetebí.
Ella esta en posición de exigir que todas las ceremonias que se realicen en su Casa de Santo, estén rodeadas de respeto y misticismo, para agradar a Orula que es a quien ella debe atender de la mejor forma.
Una Apetebí Iyafá no necesariamente tiene que ser la esposa del Babalawo que se esta consagrando, puede ser la madre, una hermana, una hija, o inclusive su madrina de Santo, siempre y cuando la persona escogida para tan delicada y prestigiosa ceremonia tenga la consagración de Mano de Orula.
Ella debe estar presente en todos los plantes (consagraciones de Mano de Orula ) que realice el Babalawo, chequeando que en la ceremonia no falte nada y preparar los ardimuces correspondientes para el día del Itá,  también debe organizar la fiesta de cumpleaños de Orula,  preparar todas las ofrendas y comidas  que le agradan, y recordarle a los ahijados de la Casa de Santo que deben cumplir con su padrino y con el Orula de donde nacieron saludando con amor y humildad el trono.
Debe vigilar que todo se desenvuelva acorde a los principios religiosos y morales establecidos, para ser siempre un digno ejemplo para su familia biológica y santoral.
Así mismo una Apetebí cuenta con el apoyo incondicional de su Babalawo, él tendrá que estar atento de forma permanente de que a ella no le falte nada, en cuanto a cuestiones elementales de la vida diaria como su salud, vestimenta,  alimentación  y en lo que se refiere  a consagraciones religiosas.
Un Babalawo jamás maltrata a una Apetebí, pues es Orula mismo quien se encargará de la afrenta u ofensa contra su esposa. La Apetebí a su vez debe ser orgullo del Babalawo que representa, al estar pendiente y ser cordial con todas aquellas personas que visiten su Casa de Santo, inculcando los principios básicos de la Religión Yoruba a los nuevos iniciados con humildad y sabiduría. 

PATAKI  Oshun Apetebi de Orula                                      
Ochún socorre a Orula

En mitad de la selva imaginaria de la tierra de los orishas, vivían Ochún, Oggún, Changó y Orula. Ochún, tan sensual, bella y erótica como liviana, vivía maritalmente con Changó, pero esto no le impedía flirtear con Oggún y con cualquier caminante que se perdiera en ese monte lleno de sorpresas.
Por ese entonces, Orula, baldado y en silla de ruedas, decidió registrarse buscando saber hasta cuándo duraría su desgracia. Se tiró el ékuele y le salió la letra Iroso Sa, que le recomendaba hacerse ebbó a toda carrera. En este registro se le advertía también que tuviera mucho cuidado con el fuego, pues Changó se había percatado de las infidelidades de su mujer.
Ochún, apenada porque Orula en su lecho de enfermo no podía salir a buscar las cosas necesarias para hacer el ebbó, inmediatamente se las trajo. Orula le quedó muy agradecido.
Un día de primavera, mientras Ochún cocinaba una adié, la comida preferida de Orula, Changó acechaba para lograr su venganza. Seguro de encontrar juntos a Ochún, Oggún y Orula, formó una gran tormenta y, con sus rayos implacables, le prendió fuego a la choza de Orula. Oggún salió corriendo. Orula, del susto, volvió a caminar y logró alcanzar la espesura. Ochún, quien buscaba orégano y albahaca para sazonar la adié, al ver las llamas pensó en la invalidez del pobre Orula. A riesgo de su vida, penetró en la casa para salvarlo. Al no encontrarlo allí, desesperada y casi ahogada por el humo, salió llorando. Cuando vio a Orula, sano y salvo en un clarito del monte, se abrazó a él. Emocionados, ambos se juraron amistad eterna. Orula le dijo: "Tú, que fuiste la pecadora, te acordaste de mí en los momentos más difíciles. De ahora en adelante, comerás conmigo. Haremos juntos nuestra comida predilecta, la adié. Te nombro, además, mi apetebi. Juntos andaremos los caminos de los oddun y de los hombres". Iború, Iboya, Ibocheché...   

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